FIESTAS AGOSTINAS

En esta oportunidad nos complace compartir con el pueblo salvadoreño algunos puntos de vista en torno a la fiesta patronal y titular de la República de El Salvador, en honor del Divino Salvador del Mundo.

No pretendo abordar el aspecto histórico de quién, cuando, y en que lugar fundaron la Villa de San Salvador, sólo hablaré brevemente en torno al nombre de San Salvador, origen y evolución de las festividades agostinas. A este respecto citaré algunos reconocidos cronistas e historiadores que no dudo nos darán luz en esta exposición.

El cronista Fray Francisco Ximenes de la orden de predicadores, en su obra "Historia de la provincia de San Salvador, de Chiapas Guatemala", escribe que fue don Pedro de Alvarado quien ordenó que se le diese a esta villa el nombre de San Salvador. Pero no hay documentos que confirmen esta afirmación.

El cronista Fray Francisco Vásquez de la orden de frailes menores, en su crónica de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Guatemala, en el Reino de la Nueva España, vislumbró una relación entre la fecha de fundación de la villa y el nombre de San Salvador que se le dio; según él, con ocasión de la fiesta de la Transfiguración, y en recuerdo de un 6 de agosto de 1526, en que los españoles sometieron por fin a los indígenas rebeldes de Cuscatlán. Sin embargo Fray Francisco Vásquez no tiene documentos para probar el vínculo que él atribuye al origen del nombre de San Salvador con la fiesta de la Transfiguración.

Según Rodolfo Barón Castro en su obra "Reseña Histórica de la Villa de San Salvador desde su fundación, el nombre de San Salvador le vino a esta villa, del recuerdo que don Diego de Holguín tuvo de San Salvador de Bayamo, en la isla Fernandina donde él vivió, por un tiempo.

Francis Gall, en su obra "Conquista de El Salvador en 1524", insinúa claramente una relación entre el nombre de San Salvador y la fecha de su fundación; al decir que a finales de 1524, salió de Guatemala una expedición hacia Cuscatlán al mando de don Diego de Alvarado, primo hermano de Don Pedro de Alvarado, y aunque a la fecha no se ha encontrado documento oficial alguno que corrobore esta insinuación bien podría asumirse que conmemorando el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del Mundo fúndase la Villa de San Salvador, el 25 de diciembre de 1524, por encargo y en nombre de don Pedro de Alvarado en el poblado indígena que se conocía en ese tiempo con el nombre de Bermuda.

También existe otra versión poca conocida, como es la de que la festividad del 6 de agosto se instituye en San Salvador siguiendo lo establecido en el Santoral Romano, pues se dice que en 1456, el Papa Calixto III, estableció el 6 de agosto en honor al Divino Salvador del Mundo, en acción de gracias por la victoria obtenida por los ejércitos cristianos contra las fuerzas musulmanas, las puertas de la ciudad de Belgrado. Pero tampoco hay documentos que confirmen esta hipótesis.

El Padre Jesús Delgado en su obra "Sucesos de la Historia de El Salvador" (1991) tomo I, plantea su propia hipótesis en cuanto al origen del nombre de la Villa de San Salvador, la cual consideramos se apega más a la realidad. Según esta versión, en 1525 hubo una segunda expedición a Cuscatlán, capitaneada por Diego de Holguín; la expedición habría salido de la ciudad de Santiago de los Caballeros poco antes de las fiestas de navidad, llegando a Cuscatlán en el periodo de tiempo navideño, que transcurre entre el 25 de diciembre y el 14 de enero, tiempo litúrgico en que se celebra el misterio del nacimiento y epifanía del Divino Salvador del Mundo.

Esta fue sin duda la ocasión que inspiro el nombre que los conquistadores dieron a la villa fundada en Cuscatlán.

Por otra parte, hay evidencias que en 1530 el nombre de San Salvador para designar la villa del mismo nombre situada en Cuscatlán, no había adquirido firmeza todavía, pues indiferentemente se escribe en los documentos oficiales: "La villa de Cuscatlán", "La villa que está en Cuscatlán", "La villa de San Salvador".

Respecto a la evolución de las fiestas agostinas, en la revista "La Quincena", tomo III de 1904 encontramos que durante los años de la colonia, desde 1526 hasta 1777 se celebraron las fiestas del Divino Salvador con vísperas, misa, sermón y paseo del estandarte real, pero éstas no tenían de fiestas más que el nombre. El 6 de agosto cantadas las vísperas y celebrada la misa del Santo Patrono y arrinconada la imagen en la sala de armas insignia de la majestad real, todo el mundo volvía a sus hogares. Según esta misma revista, el carácter cívico - religioso que las fiestas de El Salvador presentan hoy, se empezó a manifestar a fines del siglo XVIII. Existía entonces en esta ciudad un hombre muy religioso, de irreprochables costumbres, conocido generalmente por el maestro Silvestre García. Era tercero de la orden seráfica de San Francisco, y ejercía el oficio de pintor y escultor.

En el año 1777, el maestro García, llevado de su celo ardiente por las manifestaciones externas del culto cristiano, y cumpliendo un voto hecho en momentos de suprema angustia, esculpió y pintó la bellísima imagen del Divino Salvador en un árbol de Naranjo que cortó de su huerto. Esta es la imagen que hoy el pueblo venera y coloca en el carro de su transfiguración gloriosa. Desde entonces, el maestro silvestre, poseído de un santo entusiasmo promovió año tras año las festividades religiosas del Divino Salvador, con novenarios y jubileo. En cuanto a cofradías se refiere, en los archivos del Arzobispado de San Salvador, en el área de visitas pastorales encontramos que es 1787, la fecha en que por primera vez se constata la existencia de una cofradía con el nombre de la Transfiguración" en la Parroquia de San Salvador, en la que sin lugar a duda, el Maestro Silvestre García fue el mayordomo principal.

Sin embargo, no hay documentos en torno a la labor del maestro García. Es más, algunos elementos en esta exposición quedan a nivel hipotético, pues según afirma Barón Castro, se carece de documentación histórica sobre la fundación de la villa de San Salvador, no pudiéndose determinar con certeza muchas cuestiones.

En 1803, según consta en la visita pastoral que en esa fecha realizó un Obispo a San Salvador, se cambió de fecha la fiesta patronal del 6 de agosto a 6 de enero en forma temporal. Esto dentro del marco religioso tiene lógica, porque en el misal litúrgico Romano de la Iglesia católica del siglo XVI, que sustancialmente es el mismo de hoy, no hacen ninguna alusión a Jesucristo Salvador, en cambio en las fiestas de Navidad se acentúa repetidas veces la dimensión salvadora de Cristo como "Nuestro Salvador", "El Salvador del Mundo".

En 1808 un año después de la muerte del maestro García, la municipalidad tomó por su cuenta la celebración de la fiesta, la cual fue vaciada en los mismos moldes que había dejado su fundador.

En 1809, se nombró una capitanía, y se organiza una pequeña entrada, recurriéndose a la ficción de la llegada de un barco cargado de flores: En efecto muchas flores silvestres fueron profusamente esparcidas en la plaza de armas, hoy plaza Gerardo Barrios.

En 1809, se construyó en el atrio de la Iglesia Parroquial un gran volcán, en cuya cima se colocó la imagen del Salvador del Mundo ostentándose radioso en todo el esplendor de su divinidad deslumbradora conversando con Moisés y Elías.

En 1810, construyeron un modesto carro de madera y papel de colores sobre el que colocaron el Santo Patrono y llevándolo en procesión por las principales calles, entraron después a la plaza de armas en donde tuvo lugar por primera vez el tradicional descubrimiento.

Según documento "San Salvador" 4º Centenario, (1946) los festejos en el periodo colonial, se caracterizaron por la austeridad en todas sus manifestaciones religiosas. Pero con la llegada de la Independencia Patria en 1821, la austeridad fue sustituida por el derroche, la brillantez, la pompa de carrozas, desfiles, alboradas, conciertos y suntuosos bailes agostinos.

En 1846, se da un segundo momento en que se dispone que la fiesta agostina se transfiere de fecha por acuerdo gubernativo y por razones de conveniencia. La fiesta del 6 de agosto se traslada el 25 de diciembre. El Presidente de la República en aquel entonces, el General Gerardo Barrios hizo cuanto pudo para que nada faltara en la solemnidad. También temporalmente.

A comienzos del siglo, dice una nonagenaria informante, que los preparativos de las fiestas agostinas daban su inicio desde el mes de mayo, cuando se nombraban las capitanas de los nueve barrios. Para tal efecto el Alcalde Municipal acompañado de la banda de música, recorría barrio por barrio nombrando las primeras capitanas, a quienes se les entregaba un documento que las acreditaba como tales, éstas a su vez tenían la facultad de nombrar las segundas capitanas para recaudar fondos.

Estas señoras solicitaban ayuda, siempre cargaban vasos con flores, para que la gente depositara allí su contribución. Estos fondos eran utilizados para los desfiles, las fiestas del cinco de agosto, hacer la carroza, repartir horchata, pan, dulces, bocadillos y golosinas.

También hace muchos años se nombraban alcaldes de barrio, en ocasión de las fiestas agostinas. Antes las capitanas se interesaban porque su barrio fuera el mejor entre los demás, tanto por la belleza de sus carrozas, sus desfiles, despertadas, alborada, comida, bebida y otras cosas más.

Hasta hace unos pocos años, eran muchos los salvadoreños que abandonaban sus poblaciones para venir a la ciudad capital y venerar la Divina imagen del Salvador del Mundo. También venían muchos centroamericanos luciendo sus hermosos vestidos.

Venían niños, ancianos y jóvenes, muchos de ellos a cumplir penitencias. Llegaban el día 3 ó 4 de agosto para no perderse ningún detalle del cinco.

Usualmente el día cuatro visitaban la feria y otros lugares de atracción, el día cinco por la mañana permanecían en catedral cumpliendo algunas promesas y por la tarde iban a la solemne procesión del descubrimiento, por la noche disfrutaban de las bellas alboradas. Otros iban al cine o a los circos. La alegría y el regocijo cundían por todas partes. Finalmente, el día 6 lo dedicaban a la misa del Divino Salvador, a la compra y reliquias y de otros objetos que aún no habían comprado.

Después todos volvían a sus pueblos cargados de reliquias y recuerdos para familiares y amigos.

 

Lorenzo Amaya Guevara

Técnico de la Dirección de

Investigaciones, CONCULTURA

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